Uno de los más destacados de la época fue el gremio de
los orfebres. Fabricaban candelabros, lámparas, cruces, cálices y empuñaduras
de cuchillos. Los aprendices comenzaban trabajando en la fundición de los
metales mientras aprendían a manejar las herramientas con la ayuda de los
oficiales, ya experimentados en la utilización de los martillos y los cinceles
con que se daba forma a las distintas piezas. Finalmente, los maestros eran
encargados de supervisar todo el trabajo del taller y de realizar las tareas
donde lo artesanal se transformaba en arte. Durante este período desfilaron los
gremios de los tejedores, zapateros o carpinteros, oficios que sobreviven en
nuestros días, y otros ya desaparecidos, como el de los toneleros —encargados
de construir los toneles donde se guardaba el vino—, los tramperos —dedicados a
elaborar 10 trampas para cazar animales— o los carreteros —fabricantes de
carros y carretas.
Mejora los
cinceles, limas, cierras, tornos para
trabajar la madera. Aparece el prensado y soplado de vidrio, de
igual manera se implementa el hierro y el acero fundidos.

